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domingo, 8 de abril de 2012

profesión, seductores

Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre: De profesión, seductores

Protagonizan The Pelayos, una película con la ganarán la partida a la taquilla.

Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre
Blanca lleva vestido de Dior y joyas de Nicol's. Miguel Ángel, camiseta de America Vintage.
Foto: Álvaro Beamud Cortés.

«Correr tras un sueño le da sentido a la vida». Esta frase abre la película que desglosa uno de los fragmentos más adrenalínicos de la trayectoria de la familia García Pelayo. Una historia real de una panda de curiosos seductores que consiguieron, de un modo simple y legal, ganar cientos de millones en las ruletas de los casinos de todo el mundo. En la actualidad, viven holgadamente de una escuela en la que enseñan a ganar al póquer. Y es que han sabido jugar bien sus cartas.
The Pelayos, que dirige Eduard Cortés y se estrena el 27 de abril, lanza otra perla para aquellos que ansían controlar lo incontrolable: «El truco está en gobernar las leyes secretas del azar». Y como si este mantra sobrevolara sus cabezas, dos de sus protagonistas, Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre, eligieron su suerte y se conocieron por primera vez en los sets del rodaje. Hoy siguen juntos y comparten conmigo té y huevos poché para desayunar. También los sueños que dan sentido a su vida y otros que se quedaron por el camino. Para Silvestre, su pequeña frustración es no haberse podido dedicar profesionalmente al tenis. Por eso aún recuerda con nostalgia los pósters de Sergi Bruguera que colgaban de las paredes de la residencia donde entrenaba. Porque él, probablemente uno de los actores con más fans de España, también tiene sus ídolos. «Tuve el placer de llegar a conocerlo», cuenta con los ojos abiertos, ilusionado como un niño. «Me escapaba de las clases para verlo jugar. También me encanta la filosofía deportiva de Guardiola y admiro a los actores Javier Bardem, Luis Tosar, Juan Diego, Javier Cámara… ¡He crecido viendo sus películas! Y soy fan de mi madre, por supuesto, porque adoro su personalidad». Blanca, que a sus 23 años, por derecho, podría estar comprando entradas para ver al fenómeno groupie de la temporada, prefiere escuchar las letras de Iván Ferreiro. Y aunque no forró sus carpetas con ellas, confiesa que sí intentó imitar estilísticamente a las Spice Girls en algún momento de su vida. Ahora prefiere ver en pantalla grande a Natalie Portman y Meryl Streep.
Hablan con total naturalidad, como si la cosa de la fama no fuera con ellos. Como si no recibieran premios cada dos por tres por ser los más buscados en Internet. Como si no tuvieran paparazis en la puerta. Como si fuera fácil vivir aún sabiendo que, desde que hemos entrado en el bar, todo el mundo los ha reconocido e incluso había una mesa reservada cuando, al parecer, nadie había hecho la reserva. «Tengo 30 años [el aniversario del actor es justo hoy] aunque estoy hecho un chaval… Pero lo cierto es que cuando eres más joven y empiezas a estudiar interpretación, por una parte admiras a los grandes artistas, pero por otra tienes la osadía de pensar que algún día llegarás a ser uno de ellos. Un día se caen los castillos de naipes y te das cuenta de tus limitaciones. Es el momento en el que maduras de golpe. Es como darte cuenta de que los Reyes son los padres. Algo parecido. Por eso, cuando me entero de que hay gente que comenta que quiere ser como yo o que me admira, me encantaría decirles: “Mira bien, no te engañes, soy como todos los demás”». Blanca asiente y añade: «Existe una percepción diferente entre lo que tú crees que está pasando y lo que pasa en realidad. Tú no percibes la fama como algo tan brutal. Yo he sido capaz de reírme incluso de algún comentario que pueda haber salido en alguna revista del corazón porque íbamos hechos un cuadro, por ejemplo. Hasta que vi un par de cosas que no me dejaron indiferente, opiniones que hacían más daño que otra cosa. Y entonces prohibí que hubiera ese tipo de publicaciones a mi alrededor». Miguel Ángel es mucho más tajante con el tema: «Yo no las veo jamás. Todavía no soy capaz de divertirme viéndolas. Pero ya llegará, tiempo al tiempo. Si no las veo es porque tanta opinión externa te aleja de ti, de quien eres tú de verdad. Y no quiero agotarme de mí mismo».


Desde los inicios de sus carreras, ambos han mantenido a sus representantes, algo que no suele ser muy común entre los actores que adquieren éxito a velocidad de vértigo. En el momento álgido, son muchos los que vienen a tentar con cantos de sirena. Pero ellos se han mantenido firmes. «Me sigue asombrando cómo alguien es capaz de gastar tanta energía y amor en los sueños de una persona que no es ella misma, ni siquiera de su propia sangre. En esta profesión es muy importante contar con alguien que sea cien por cien sincero contigo, porque son muchos los que quieren distorsionar. Y cuando lo encuentras no lo puedes soltar, eso no tiene precio», dice Miguel Ángel. Blanca también hace hincapié en los valores. «Desde que tengo 18 años hay alguien a mi lado que me dice lo que hago bien y lo que hago mal; que cuando me ocurre algo bueno me advierte que, aun así, hay que seguir trabajando; que se preocupa por mí de verdad en lugar de por lo que facturo; y que es capaz de recomendarme que no acepte un proyecto si no es un buen momento personal o de salud. Si la encuentras, como yo, a esa persona no hay que soltarla nunca».
Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre
Blanca lleva un vestido de Carven. Él, jersey de S.N.S para Mini.
Foto: Álvaro Beamud Cortés.
No es casualidad que ambos piensen así. Los dos han crecido en núcleos familiares sólidos, que han apoyado sus decisiones y que han sufrido, en compañía, sus presiones. La familia que juega unida, se mantiene unida, como dirían los Pelayo. Y Silvestre lo tiene claro. «Mi padre me quería matar cuando le dije que quería ir a Madrid a estudiar interpretación. Mi madre aún no se cree que con 13 años me dejara ir a Barcelona a jugar al tenis. Intenté ser fisioterapeuta como mi padre, pero me di cuenta de que no era lo que quería. Aun así siempre me he sentido respaldado. Cuando llega la fama también desestabiliza a la familia. Pero la mía me ha demostrado que vale la pena combatir la batalla juntos».
Blanca empezó la carrera de Comunicación Audiovisual pero vio que no era lo suyo –«creo que ahora sé más del tema que cuando estudiaba en la facultad»– y también pensó (y aún lo piensa) que podría ser maquilladora profesional. «Al final, un buen día les dije que me picaba el gusanillo de la interpretación. Y me animaron. Porque lo único que me han impuesto es que debía formarme, hacer cosas con mi vida en lugar de verla pasar. Supongo que estaban expectantes, vigilantes y protectores, pero lo hacían desde la intimidad del matrimonio».
En The Pelayos, ambos actores explotan, por fin, su vis cómica. Acostumbrados a verlos en papeles con cierto dramatismo, se agradece un poco de aire fresco. «Soy un clown, y lo soy desde pequeño. Mi madre siempre me lo ha dicho, sobre todo cuando me disfrazaba en casa de Elvis y Freddie Mercury. Sin embargo, es cierto que mi imagen pública es más contenida. Me lo he pasado bomba haciendo esta película. El productor hizo todo lo posible para que nos divirtiéramos, porque el objetivo del filme es que el público se lo pase bien y eso pasa por nosotros. Así que nos llevaron a comer a elBulli, nos pagaban las dietas con fichas de casino, nos fuimos a los cars… Ha sido una fiesta que seguirá en la presentación del filme en el Festival de Málaga».
Blanca, que interpreta a una crupier con aspiraciones a «cajera de supermercado, súper o híper», también se divirtió. «Hay algo extraño en los actores; parece que cuanto más te flagelas haciendo una escena, más realizado te sientes. Piensas: “Lo he dado todo, lo he dado todo” [ríe]. Pero luego te das cuenta de que una escena cómica puede ser muy importante en tu carrera si el público que va a verte se ríe contigo».
Ídolos de mucha gente joven, Blanca y Miguel Ángel defienden que los directores españoles deberían experimentar con otros formatos, especialmente con Internet, y que el cine en pantalla grande debería ser más accesible económicamente (también las palomitas). Especialmente para los nimileuristas. Y saben de lo que hablan. «Cuando llegué a Madrid puse copas, di masajes, clases de tenis… No llegaba a los mil euros pero podía pagarme una habitación y creer que, algún día, las cosas irían mejor. Ahora la situación es alarmante. Y las instituciones deberían hacer algo para que la gente joven no tenga que marcharse del país. ¡Somos su futuro!», reivindica el actor.
Miguel Ángel admira de Blanca su serenidad y sus silencios –«parece un ángel»–, y ella de él, «la espontaneidad e ilusión que tiene por la vida». Probablemente se admirarían igual si no estuvieran juntos porque ambos piensan que la seducción consiste en ser y respetarse a uno mismo. Esta relación no tiene pinta de farol; se acerca más a una buena jugada de ases.
Miguel Ángel Sivestre
Miguel Ángel con un jersey de Zara y pantalón de 830 SIGN.
Foto: Álvaro Beamud Cortés.
Blanca Suárez
Blanca lleva un vestido de N?21 y pendientes de Nicol's.
Foto: Álvaro Beamud Cortés.
Blanca Suárez y Miguel Ángel Silvestre
Blanca, con vestido de Angel Schlesser. Miguel Ángel, de Armani.

sábado, 7 de abril de 2012

FLOR DA PELE

A pele é o maior órgão do nosso corpo.


Determina sua forma e limites, e é através dela que entramos em contato com o meio ambiente externo. De acordo com a reflexologia, reflete os órgãos internos, projetando distúrbios existentes e cada estímulo é transmitido, por sua vez, para dentro do corpo. Além de mostrar nossos estados externos e internos, a pele também manifesta nossas reações emocionais: ficamos vermelhos de vergonha, pálidos de susto, suados de medo, arrepiados de emoção. Segundo Robert Tisserand, o estado da pele costuma refletir o estado do corpo, que por sua vez reflete o estado da mente. Nosso rosto é o reflexo mais claro de nossas emoções.
As funções mais importantes da pele são separação, proteção, contato, expressão, sexualidade, respiração, eliminação e regulação de temperatura. No que diz respeito à eliminação, os produtos residuais de uma série de processos do corpo são transportados pelo suor e expelidos através dos poros. (A pele expele.) Além de expelir, a pele retém outras substâncias com segurança e também promove a absorção, razão pela qual é descrita como semi-permeável. Para que uma substância atravesse a pele é determinante o tamanho de suas moléculas.
Os óleos essenciais possuem uma estrutura molecular relativamente pequena e simples, por isso conseguem penetrar a pele. Além disso, dissolvem-se facilmente em substâncias gordurosas, como a encontrada na pele (que produz sua própria camada protetora de cera oleosa, conhecida como sebo), o que facilita ainda mais sua absorção. Logo abaixo da pele, as partículas dos óleos essenciais passam para o fluido que banha cada uma das células do corpo e dali podem atravessar as finas paredes capilares, entrando na circulação geral para percorrer todo o organismo. (Por isto a pureza e qualidade do óleo essencial é de suma importância.)
Desta forma, a pele constitui-se no principal acesso da Aromaterapia.
Uma das formas mais completas de se beneficiar com o uso dos óleos essenciais e ampliar seus efeitos é através da massagem, que potencializa a ação dos odores porque ativa a circulação do sangue promovendo maior absorção através da pele e atuando diretamente nos pontos do corpo mais comprometidos, trazendo relaxamento e bem-estar geral. As massagens podem ser feitas com a utilização de vários veículos (creme, loção, óleos vegetais), desde que sejam bases neutras. Deve-se ter muita cautela na utilização de óleos cítricos (fotossensibilizantes) pois após a absorção são devolvidos à superfície da pele através da transpiração.





Carlinhos Vergueiro dá o recado...








Jogamos nosso bolero
Na ronda dos oceanos
A vida vem como em ondas
Dizia nosso poeta
Nossa canção incompleta
Pode esperar vinte anos
O amor faz ondas redondas
Até quebrar como eu quero

Como o meu jeito de amar se ajeitava com você

Louco, eu não imaginava uma noite sem você
Como é sincero poder
Querer os pulsos cortar
Como é bolero chegar
E perder a coragem
Foi tão bonito você me emprestar a vida assim
Ver que eu não tinha saída e seguir por onde eu vim
Como eu adoro você
Quando você me sorri
Quando sabemos que aqui
Termina nossa viagem



(Música menos conhecida de Chico Buarque em parceria com Carlinhos Vergueiro: Nosso Bolero)

Bororó e as cores do Brasil

Por Túlio Villaça


A Rádio Batuta, do Instituto Moreira Salles, inaugurou uma espécie de blog de análise musical, só que, como deve ser numa rádio, sonorizado. A ideia deles é a cada vez um autor fazer um pequeno ensaio sobre uma canção, um autor, um tema da música brasileira. Então, Tubo de Ensaio abre neste programa, com Paulo da Costa e Silva falando de duas canções fundamentais de um autor fundamental:

Da Cor do pecado, de Bororó, com Ney Matogrosso


Curare, de Bororó, com Rosa Passos


Da cor do pecado e Curare, ambas sucessos estrondosos da década de 1930, apresentam uma novidade transgressora no seu modo de retratar a mulher. Em cada uma das duas canções, a miscigenação da sociedade brasileira vem retratada de forma elogiosa, ao contrário de paliativos como O teu cabelo não nega, cujo viés racista hoje se torna patente à escuta. A mulher negra e a índia, são retratadas em toda a sua sensualidade, sem caricaturas carnavalescas e sem a idealização romântica – e às vezes empolada, como Paulo ressalta – das valsas, mas em melodias sinuosas e sensuais como elas (caso de Da cor do pecado), ou coloquiais, próximas da fala e da vida cotidiana (caso de Curare).
Minha vontade era transcrever o artigo aqui, mas isso seria empobrecê-lo, ao retirar os exemplos musicais que vão acompanhando a narração. Limito-me a deixar uma água na boca:

Sobre os versos iniciais da Da cor do pecado:
Numa só tacada, a primeira, a satisfação de pelo menos quatro dos cinco sentidos: visão, com a palavra moreno; olfato, com cheiroso; paladar e tato, com gostoso.
Sobre Curare:
Não se trata da típica mulher fatal, arrebatadora, não. O curare é veneno suave, que nos mata não por espasmos e contrações, mas por relaxamento. Morte esparramada, preguiçosa. Tudo na canção aponta para esse torpor.
E mais não digo, recomendando a escuta integral dos 18 minutos do programa e aguardando os próximos. E comemorando a lembrança de um autor que celebrou uma mulher real e desejável fora de um baile, fosse de salões sofisticados ou de carnaval, e através dela um Brasil que se desenhava e ainda está longe de se completar, mas que arrisca um projeto particular e original, que sabe desejar e sabe o que quer, diferente dessa gente que finge querer.

http://tuliovillaca.wordpress.com/

Cinema - As noites de Cabíria

04 Abril 2012


Cabíria (interpretação chapliniana de Giulietta Massina) é uma pobre prostituta romana, que, ingênua em relação a seus semelhantes, vê-se vítima de um homem pelo qual está envolvida sentimentalmente, mas que a atira, depois de roubar-lhe o dinheiro, ao rio. Em seguida, na sua peregrinação para alcançar a felicidade, ainda que o ambiente no qual se encontra inserida seja sórdido, é enganada novamente por um célebre ator cinematográfico (Amadeo Nazzari). E, finalmente, mais uma grande decepção, quando pensa que encontra a felicidade. O namorado, que Cabíria idealiza como companheiro, após roubá-la, a abandona brutalmente. Mas, humilhada, ainda encontra forças para sorrir, quando de volta à avenida noturna, fica a apreciar jovens montados em bicicletas a percorrer as ruas de Roma. Momento sublime e de indescritível beleza.


Nesta história patética, Fellini descreve sua prostituta com a nobreza quixotesca do ser que sobrevive em meio dos egoísmos sociais, a radicalizar, por outro lado, a exemplaridade do personagem, não-realista senão inventado dentro de uma história real. O autor, desde A estrada da vida, vinha sendo acusado, a receber severas críticas de seus pares, de ter se afastado dos postulados neo-realistas. Fellini respondeu que seus filmes procuravam o "neo-realismo interior" esgotada já a fase áurea do movimento. Sua ideologia, por assim dizer, se encontra imersa no mistério, a predestinação e a Graça, e encontra, aqui, em As noites de Cabíria, campo para a exposição de um personagem-símbolo, embora não tão distante da Gelsomina-Carlitos (de A estrada da vida), que agora atinge o nível de uma Cabíria-Carlitos. Há, no filme, o registro da vida das prostitutas, a histeria religiosa, mas, por outro lado, um vislumbre das zonas irracionais de um catolicismo que não deixa, porém, de ser inconformista em muitos de seus aspectos.
Na filmografia de Federico Fellini, iniciada em Mulheres e luzes (Luci del varietà, 1950), pode-se distinguir três fases: a primeira, que se caracteriza por um cinema de imagens surpreendentes, mas dentro de um esquema narrativo tradicional que tem na sua força poética a transcendência do academicismo. Ou, por outras palavras: o elo sintático (a linguagem) ainda se encontra a serviço do elo semântico (o conteúdo).
Significativos dessa fase, além de As noites de Cabíria (Le notti di Cabiria), Abismo de um sonho (Lo sceicco bianco, 1952), Os boas-vidas (I vitelloni, 1953), A estrada da vida (La strada, 1954), e A trapaça (Il bidone, 1955).
A segunda fase tem início em A doce vida (La dolce vita, 1960), magistral afresco moralista e premonitório sobre a decadência da civilização ocidental ainda quase em meados do seu decurso. Aqui já não há uma continuidade dramática nos moldes tradicionais, pois não existe uma união de seqüências pelas formas habituais, uma linha condutora e sua unidade se opera somente no fundo. É o elo sintático que se mantém rigorosamente unido ao elo semântico num processo que se assemelha ao mosaico. A doce vida inaugura não somente uma outra fase na carreira de seu autor, mas, também, e principalmente, um corte longetudinal na história da arte do filme, que ficaria mais radical em Oito e meio (Otto e mezzo, 1963). Neste, a geografia da ação se encontra esfacelada e o que a comanda é o tempo psicológico.
Mestre absoluto, a partir daí o grande "regista" começa a estilizar o seu próprio estilo. Mas ainda consegue romper o conceito da obra-prima (que sempre é uma para cada artista, a sua melhor, a sua obra mestra), com outros filmes que podem ser considerados obras-primas, a exemplo de "Fellini-Amarcord" e "Fellini-Casanova".
Há em La notti di Cabiria um desejo de transposição metafórica da noite para o dia, a prostituta a tentar abandonar o noturno trágico da prostituição pela claridade do cotidiano tranqüilo e familiar.
Neste ponto, dá-se, aqui, a palavra a Walter da Silveira (Fronteiras do cinema, 44/45): "Esse jogo antitético da noite para o dia, com maior valorização dramática e plástica da primeira, não poderia deixar de provir de quem, ao menos por paradoxo, inclui entre as raras peças literárias que o influenciaram o tratado da magia de Eliphas Levi ou, entre as criaturas que desejaria encontrar, Cagliostro e São Francisco de Assis. Ou seja: de quem admira e aspira o sentimento mágico da vida."
É Walter ainda quem fala: "Tal sentimento aparece no tema e na forma de "As noites de Cabíria": o amor ao próximo que distinguia o "poverello" de Assis; o encantamento, que assinalava Cagliostro. Na substância, Fellini gostaria que todos os homens iguais, mesmo que todos os seres fossem irmãos, em vez de cruéis e falsários. Na sintaxe, Fellini estimaria que todas as idéias, mesmo que todas as emoções, se revelassem sem os artifícios da construção técnica, com a simplicidade misteriosa do despojamento das origens"
Se vivo, Fellini estaria a fazer 92 anos, pois nasceu em 20 de janeiro de 1920
 

Para Lennon e McCartney - Milton Nascimento


Para Lennon e McCartney
Milton Nascimento
Composição: Marcio Borges / Fernando Brant / Lô Borges


Por que vocês não sabem do lixo ocidental?
Não precisam mais temer
Não precisam da solidão
Todo dia é dia de viver
Por que você não verá meu lado ocidental?
Não precisa medo não
Não precisa da timidez
Todo dia é dia de viver
Eu sou da América do Sul
Eu sei, vocês não vão saber
Mas agora sou cowboy
Sou do ouro, eu sou vocês
Sou do mundo, sou Minas Gerais
Por que vocês não sabem do lixo ocidental?
Não precisam mais temer
Não precisam da solidão
Todo dia é dia de viver
Eu sou da América do Sul
Eu sei, vocês não vão saber
Mas agora sou cowboy
Sou do ouro, eu sou vocês

"Hallelujah"


"Invente seu próprio jogo. Faça o que for necessário para ser feliz. Mas não se esqueça que a felicidade é um sentimento simples, você pode encontrá-la e deixá-la ir embora por não perceber sua simplicidade." - Mario Quintana

sexta-feira, 6 de abril de 2012

Los remordimientos de Jesús

Por: Winston Manrique Sabogal 06/04/2012
Jesus.Jerusalen(lacrusifixion)Gerome
Jerusalén (La crucifixión), de Jean-Léon Gérôme.
Culpa, remordimiento, duda, deseo, engaño, crueldad, sacrificio, desprecio, amor, rebeldía, víctima y todas las artimañas posibles para evitar un destino impuesto, cuyo único resultado es que eso, precisamente, está en el plan para que se cumpla la profecía. De eso está hecha la vida de Jesús, según José Saramago.

Con la figura de Jesús, pilar del cristianismo y el catolicismo, continúo la serie sobre personajes del Nuevo testamento llevados a la literatura, otra forma de leer la Semana Santa (ayer fue Judas, en un cuento de Borges, y el miércoles la Virgen María, con la novela de Martín Garzo). Porque si del supuesto paso oficial de Jesús por este mundo dejaron breve constancia en el Nuevo testamento cuatro de sus apóstoles: Mateo, Lucas, Marcos y Juan; desde entonces la literatura ha ido más allá. Y mucho más allá de más allá fue José Saramago en El evangelio según Jesucristo (Alfaguara).
El escritor y Nobel portugués reescribe la vida del hijo de María y José, su padre putativo, especialmente su concepción, su infancia y primeros años años fuera de casa. Pero lo hace recreando una vida llena de dolor y remordimientos porque su existencia es gracias a una matanza de niños. José se entera de que Herodes ha ordenado el asesinato de los menores de 3 años y, en lugar de avisar a los demás, corre y corre en silencio hacia su cueva para salvar al "hijo de Dios". A partir de ahí, Saramago construye a un carpintero llamado José, hijo de Heli, muy humano, inquieto e invadido de arrepentimiento. Las preguntas del primogénito no tardarán en llegar, sus encuentros con ángeles y demonios desconcertarán, hasta que un avance del futuro se realiza en él: a los 33 años, José es crucificado por equivocación, el hijo lo encuentra y hereda las pesadillas de su padre, cómplice de asesinato. Con 13 años, en un diálogo con su Madre, Saramago escribe: "Las manos de Jesús se alzaron de repente hasta el rostro como si quisieran desgarrarlo, su voz se soltó en un grito irremediable, Mi padre mató a los niños de Belén, Qué locura estás diciendo, los mataron los soldados de Herodes; No, los mató mi padre, los mató José, que sabiendo que los niños iban a ser muertos no avisó a los padres, y cuando estas palabras fueron dichas quedó perdida toda esperanza de consuelo. (...) María tendió la mano al hijo; No me toques, mi alma tiene una herida, Jesús, hijo mío, No me llames hijo tuyo, tú también tienes la culpa".
Es Jesús en la orilla del tiempo. Jesús en un rincón del espacio terrenal. Jesús asfixiado por los remordimientos. Jesús desdeñando a su madre. Cinco años después, Jesús descubriendo el amor en María Magdalena. Jesús pensando, indagando, preguntando por el sentido de la vida, de su vida. Jesús renegando y queriendo hacer lo que anhela un ser humano: hacer su destino y tomar las riendas de su existencia. Una novela con ecos bíblicos traídos que arrostran preguntas y reflexiones teológicas y filosóficas y humanas y sentimentales.
Y así, Saramago novela la vida del "Salvador" como un ser verdaderamente humano que reflexiona y quiere tomar sus propias decisiones. Cree que hace su voluntad, pero en el último instante descubre y comprende que "vino traído al engaño como se lleva al cordero al sacrificio, que su vida fue trazada desde el principio de los principios para morir así, y, trayéndole la memoria el río de sangre y de sufrimiento que de su lado nacerá e inundará toda la tierra, clamó al cielo abierto donde Dios sonreía, Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo que hizo".

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/04/los-remordimientos-de-jesus.html

Se não tiver bacalhau vá de ceviche...

O menino e o poeta


  • Pouco depois da Segunda Guerra Mundial, o telefone passou a substituir quase todos os bilhetes até então enviados para pequenos recados. Nada destinava portanto a carta reproduzida nesta página − escrita em 1948 por um menino de dezesseis anos e dirigida a um escritor consagrado − de sobreviver ao destino comum a tantos outros milhões de missivas manuscritas, lidas e descartadas.
    Neste caso, o que salvou do lixo esta folha de papel foi a decisão casual do destinatário de usar o verso em branco para o rascunho de um artigo que precisava escrever para um jornal.
    O grande escritor que recebe a carta é o poeta e romancista Jean Cocteau, talvez o mais importante animador cultural da França no século XX. Cocteau tinha tantos talentos que, por muito tempo, uma maioria de invejosos não aceitou que pudesse exercê-los de forma tão plena. Se tivesse sido apenas romancista seria lembrado hoje por uma obra significativa. Se apenas poeta, estaria entre os mais respeitados. Sua simples obra de cineasta também teria lhe valido uma sólida posteridade entre os maiores diretores franceses de seu tempo, assim como seu trabalho de desenhista se destacaria entre as obras semelhantes do período.
    Mas como Cocteau era bom em tudo, a tendência natural de seus contemporâneos foi acusá-lo de ser superficial em cada coisa que fazia. Uma tal variedade de talentos nunca poderia ser perdoada em vida e só agora − quase cinquenta anos após sua morte − a figura de Cocteau emerge finalmente com uma plena aceitação da qualidade de suas múltiplas obras.
    O acaso quis então que Cocteau usasse o papel da carta do garoto para escrever seu artigo de protesto contra a censura a um filme de um cineasta francês, que causava polêmica na época.


    Já muito famoso em 1948, Cocteau dispunha de uma legião de amigos, amantes e secretários que recolhiam seus rascunhos e manuscritos, esparsos nas folhas que encontrava à mão quando precisava escrever. Com isso foi preservada a carta do menino de dezesseis anos que pedia ao “Mestre” Cocteau que comparecesse à exibição sua própria obra-prima, filmada em 1932, “O Sangue de um Poeta”, que o jovem admirador queria mostrar no âmbito de um cine-clube que pretendia criar.
    Antes das fitas de vídeo, dos DVDs e da internet, assistir a um filme era um privilégio que dependia da iniciativa dos detentores dos rolos, quase sempre as distribuidoras ou salas de cinema estabelecidas. Como estas, por razões comerciais, raramente ou nunca voltavam a exibir filmes antigos, cabia aos fãs e conhecedores de cinema organizarem cineclubes.
    Hoje bastam apenas três cliques de internet para se chegar pelo menos a um trecho, senão à totalidade, de muitos clássicos do cinema. Na época havia quem viajasse um dia inteiro de trem para assistir a um filme raro programado numa cidade distante. O menino precoce de dezesseis anos era um desses apaixonados, e sua carta para Cocteau é comovente:


    “Mestre, aqui nada de lisonjas, nada do blá blá blá usual, nenhuma dessas fórmulas clichês que só tem como objetivo dissimular a verdadeira personalidade daqueles que as empregam.
    Estou fundando um clube de cinema que não dispõe de publicidade de qualquer tipo.
    A sessão inaugural ocorrerá domingo dia 14 com a exibição de “O Sangue de um Poeta”. De sua presença ou ausência depende a vida ou a morte de meu “Círculo Cinemania”. Este Circulo é como uma criança prematura, tem pouca chance de sobrevivência.
    Precisa de uma incubadeira − que só pode ser o senhor. Se aceitar apresentar seu filme domingo, às 10 da manhã, a criança sobreviverá. Senão, será mais um natimorto.
    É com um pouco de angústia e muita esperança que aguardo, mestre, a sua resposta. Receba, com esta súplica, minhas saudações de muito respeito e admiração”.

    Cocteau não compareceu à abertura e o “Circulo Cinemania”, conforme previa o menino, morreu. Dez anos mais tarde, Cocteau compareceria à consagração no Festival de Cannes da primeira das muitas obras primas do menino que lhe escrevera, e o velho poeta manifestaria com entusiasmo toda sua admiração pelo talento do jovem cineasta. O menino chamava-se François Truffaut.



  • http://revistapiaui.estadao.com.br/blogs/questoes-manuscritas/geral/o-menino-e-o-poeta


    Truffaut-Leaud
    From left: unknown woman, Jean Cocteau, François Truffaut, Jean-Pierre Léaud, Albert Rémy, and Edward G. Robinson at Cannes 1959.