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segunda-feira, 6 de agosto de 2012

Parabéns, Caetano Veloso!!!




AUTOENTREVISTA - Pedro Almodóvar

AUTOENTREVISTA PREMATURA Y UNA PROMESA

by el deseo on Tuesday, July 31, 2012



P- ¿Qué adjetivo le gustaría que el público adjudicara a su película?
R- Tronchante.
P- ¿Qué adjetivo le preocuparía?
R- Telúrica.
P- ¿Con cuál se conformaría?
R- Amena, entretenida.
P- ¿Qué adjetivo le dejaría indiferente?
R- Almodovariana.
P- ¿Cuál le inquietaría seriamente?
R- Se hace larga.
P- ¿Y cuál le inquietaría más seriamente todavía?
R- No sería un adjetivo sino una frase, un concepto, un argumento desarrollado que significara más o menos “se repite sin gracia, todo parece indicar que lo mejor de Almodóvar pertenece al pasado. Ahórrense el esfuerzo de piratearla”.
P-¿Qué comentario encontrará tremendamente injusto?
R- Los actores están fatal.
P- ¿Festivales a la vista?
R- No, gracias.
P- ¿Qué es más difícil el drama o la comedia?
R- Ambos géneros lo son por igual.
P- ¿Qué expresiones de las habituales no se oyen en esta película?
R- “Con la que está cayendo”, “situación complicada”, “crisis económica”, “prima de riesgo”, “te has pasado siete pueblos” (ni nada parecido, odio esta expresión), “hacer los deberes”, “la herencia del pasado”…
P- ¿Qué personajes de la actualidad no se nombran?
R- Angela Merkel, Rajoy, Cospedal (y eso que me une a ella el pertenecer a la Asociación Nacional de la Mantilla, en serio), Zapatero… y muchos más.
P-¿Sobre qué personaje real español le gustaría hacer una película?
R- Sobre la monja María Gómez Valbuena, la supuesta ladrona de niños. Sobre el juez Carlos Dívar, y la judicatura, en general. También creo que Encarna Sánchez merece una película, a mí me encantaría hacerla, pero no la haré.
P- Mójese, ¿cuál es el personaje actual español que más odia?
R- Odio la expresión “mójese”.




P- Su película transcurre básicamente a diez mil metros de altura, ¿qué se ve desde allí?
R- Nubes básicamente. Cuando amenaza con aparecer un pico de realidad, la famosa prima, la cifra de parados, la aprobación de la subida del IVA, los gritos de todo el género femenino contra el ministro Gallardón, yo pongo digitalmente un grupo de nubes flamígeras, las nubes lo tapan todo. Deliberadamente he huido de la realidad, es todo ficción.
P- ¿No cree que esta entrevista resulta un poco gratuita, teniendo en cuenta que solo está en la cuarta semana de rodaje?
R- Es prematura, por eso el título, pero no gratuita. Aunque es cierto que con el tipo de promociones que se hacen ahora no hace falta hacer entrevistas hasta el mismo mes del estreno. Toda información actual se devora al instante, todo es muy efímero, excepto el silencio.
P- ¿Qué piensa encontrar la próxima primavera, cuando estrene su película?
R- Me da miedo pensar en el 2013.
P- ¿Supersticioso?
R- ¡No! El 13 siempre me trajo buena suerte. Los que saben de esto aseguran que el próximo año será todavía peor que éste, a no ser que se reconsidere la actual situación desde otra perspectiva. Pero creo que esta autoentrevista se me está yendo de las manos.
P- ¿Es eso posible?
R- Por supuesto.
P- Para el estreno de “Los amantes pasajeros”, ¿dará entrevistas, o seguirá autoentrevistándose?
R- Haré de todo, supongo. Reconozco que la autoentrevista siempre me ahorra tiempo.
P- Y preguntas.
R- Yo hablo de todo menos de quién se acuesta conmigo. Te voy a hacer una promesa (aunque yo no soy hombre de hacer promesas y mucho menos de cumplirlas) si nuestro presidente de gobierno, sea quien sea en la próxima primavera, concede entrevistas a todos los medios y contesta a todo tipo de preguntas yo haré lo mismo, en caso contrario expenderé comunicados en las redes sociales y me autoentrevistaré, sin ocultar nada, eso sí.
P- Amén.


Pedro Almodóvar
31 de Julio de 2012

Há quem viveu muito e nunca viveu.



http://gizelda-desassossego.blogspot.com/

 




Qualquer que seja a duração de nossa vida, ela é completa. Sua utilidade não reside na
quantidade de duração e sim no emprego que lhe dais. Há quem viveu muito e não viveu.
Meditai sobre isso enquanto o podeis fazer, pois depende de vós, e não do número de anos,
terdes vivido bastante.

Meditar sobre a morte é meditar sobre a liberdade; quem aprendeu a morrer, desaprendeu de
servir; nenhum mal atingirá quem na existência compreendeu que a privação da vida não é um
mal; saber morrer nos exime de toda sujeição e coação.

Montaigne in "Filosofar é aprender a morrer"

De “morre-se só” para “vive-se só” a conseqüência não é exata, pois se apenas a dor e a morte
forem invocadas para definir a subjetividade, então, para ela, a vida com outros e no mundo
serão impossíveis… Estamos verdadeiramente sós apenas quando não o sabemos. Essa
ignorância é a solidão… A solidão de onde emergimos para a vida intersubjetiva é apenas a
névoa de uma vida anônima e a barreira que nos separa dos outros é impalpável.

"O filósofo e sua sombra" / Merleau-Ponty


Viver é um risco, principalmente quando se sabe- embora ninguém pense nisso - que podemos morrer em qualquer tempo.
Segundo Montaigne,saber morrer nos exime de toda sujeição e coação.Isso deveria ser o bastante, mas não é. Talvez,o que nos falte seja aceitar a morte como fato e não como probabilidade.
Mas, como se consegue aceitar que somos o princípio e o fim? E que isso não é filosofia, é realidade?

domingo, 5 de agosto de 2012

"Fue una diosa, pero una diosa marginal"

Pedro Almodóvar publica en el Facebook de su productora un texto de recuerdo a su amiga.

ADIÓS VOLCÁN


by el deseo on Sunday, August 5, 2012
Durante veinte años la busqué en sus escenarios habituales y desde que la encontré en el diminuto backstage de la madrileña Sala Caracol llevo otros veinte años despidiéndome de ella, hasta esta larguísima despedida, bajo el sol abrasivo del agosto madrileño.

Chavela Vargas hizo del abandono y la desolación una catedral en la que cabíamos todos y de la que se salía reconciliado con los propios errores, y dispuesto a seguir cometiéndolos, a intentarlo de nuevo.

El gran escritor Carlos Monsiváis dijo “Chavela Vargas ha sabido expresar la desolación de las rancheras con la radical desnudez del blues”. Según el mismo escritor, al prescindir del mariachi Chavela eliminó el carácter festivo de las rancheras, mostrando en toda su desnudez el dolor y la derrota de sus letras. En el caso de “Piensa en mí”, (eso lo digo yo) una especie de danzón de Agustín Lara, Chavela cambió hasta tal punto el compás original que de una canción pizpireta y bailable se convirtió en un fado o una nana dolorida.

Ningún ser vivo cantó con el debido desgarro al genial José Alfredo Jiménez como lo hizo Chavela. “Y si quieren saber de mi pasado, es preciso decir otra mentira. Les diré que llegué de un mundo raro, que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca (YO NUNCA, cantaba ella) he llorado”. Chavela creó con el énfasis de los finales de sus canciones un nuevo género que debería llevar su nombre. Las canciones de José Alfredo nacen en los márgenes de la sociedad y hablan de derrotas y abandonos, Chavela añadía una amargura irónica que se sobreponía a la hipocresía del mundo que le había tocado vivir y al que le cantó siempre desafiante. Se regodeaba en los finales, convertía el lamento en himno, te escupía el final a la cara. Como espectador era una experiencia que me desbordaba, uno no está acostrumbrado a que te pongan un espejo tan cerca de los ojos, el desgarro con tirón final, literalmente me desgarraba. No exagero. Supongo que habrá alguien por ahí que le pasara lo mismo que a mí.

En su segunda vida, cuando ya tenía más de setenta años, el tiempo y Chavela caminaron de la mano, en España encontró una complicidad que Méjico le negó. Y en el seno de esta complicidad Chavela alcanzó una plenitud serena, sus canciones ganaron en dulzura, y desarrolló todo el amor que también anidaba en su repertorio. “Oye, quiero la estrella de eterno fulgor, quiero la copa más fina de cristal para brindar la noche de mi amor. Quiero la alegría de un barco volviendo, y mil campanas de gloria tañendo para brindar la noche de mi amor.” A lo largo de los años noventa y parte de este siglo, Chavela vivió esta noche de amor, eterna y feliz con nuestro país, y como cada espectador, siento que esa noche de amor la vivió exclusivamente conmigo. Chavela te cantaba solo a tí, al oído, y cuando el torrente de su voz fue menos potente, (no hablo de declive, ella no lo conoció, hizo y cantó lo que quiso y como quiso) Chavela se volvió más íntima. Las mejores versiones de “La llorona” las interpretó en sus últimos conciertos. Abordaba la canción con un murmullo, y en ese tono continuaba, recitando palabra por palabra, hasta llegar al épico final. Cantar lo que se dice cantar solo cantaba la última estrofa, de un modo ascendente hasta gritar su última y breve palabra. “Si como te quiero quieres llorona, quieres que te quiera más. Si ya te he dado la vida, llorona, qué más quieres. ¡Quieres MÁS!" Estremecía escuchar la palabra “más” gritada por Chavela.

La presenté en decenas de ciudades, recuerdo cada una de ellas, los minutos previos al concierto en los camerinos, ella había dejado el alcohol y yo el tabaco y en esos instantes éramos como dos síndromes de abstinencia juntos, ella me comentaba lo bien que le vendría una copita de tequila, para calentar la voz, y yo le decía que me comería un paquete de cigarrillos para combatir la ansiedad, y acabábamos riéndonos, cogidos de la mano, besándonos. Nos hemos besado mucho, conozco muy bien su piel.

Los años de apoteosis española hicieron posible que Chavela debutara en el Olympia de París, una gesta que solo había conseguido la gran Lola Beltrán antes que ella. En el patio de butacas tenía a mi lado a Jeanne Moreau, a veces le traducía alguna estrofa de la canción hasta que Moreau me murmuró “no hace falta, Pedro, la entiendo perfectamente” y no porque supiera español.

Y con su deslumbrante actuación en el Olympia parisino consiguió, por fin, abrir las puertas que más férreamente se le habían cerrado, las del Teatro Bellas Artes de Méjico DF, otro de sus sueños. Antes de la presentación en París un periodista mejicano me agradeció mi generosidad con Chavela. Yo le respondí que lo mío no era generosidad, sino egoísmo, recibía mucho más que daba. También le dije que aunque no creía en la generosidad sí creía en la mezquindad, y me refería justamente al país de cuya cultura Chavela era la embajadora más ardiente. Es cierto que desde que empezara a cantar en los años cincuenta en pequeños antros (¡lo que hubiera dado por conocer El Alacrán, donde debutó con la bailarina exótica Tongolele!) Chavela Vargas fue una diosa, pero una diosa marginal. Me contó que nunca se le permitió cantar en televisión o en un teatro. Después del Olympia su situación cambió radicalmente. Aquella noche, la del Bellas Artes del D.F., también tuve el privilegio de presentarla, Chavela había alcanzado otro de sus sueños y fuimos a celebrarlo y a compartirlo con la persona que más lo merecía, José Alfredo Jiménez, en el bar Tenampa de la Plaza de Garibaldi. Sentados debajo de uno de los murales dedicados al inconmensurable José Alfredo bebimos y cantamos hasta el amanecer (ella no, solo bebió agua aunque al día siguiente los diarios locales titulaban en su portada “Chavela vuelve al trago”). Cantamos hasta el delirio todos los que tuvimos la suerte de acompañarla esa noche, pero sobre todo cantó Chavela, con uno de los mariachis que alquilamos para la ocasión. Era la primera vez que la escuchábamos acompañada por la formación original y típica de las rancheras. Y fue un milagro, de los tantos que he vivido a su lado.

En su última visita a Madrid, en una comida íntima con Elena Benarroch, Mariana Gyalui y Fernando Iglesias, tres días antes de su presentación en la Residencia de Estudiantes, Elena le preguntó si nunca olvidaba las letras de sus canciones. Chavela le respondió: “a veces, pero siempre acabo donde debo”. Me tatuaría esa frase en su honor. ¡Cuántas veces la he visto terminar donde debe! Aquella noche en el indescriptible bar Tenampa, Chavela terminó la noche donde debía, bajo la efigie de su querido compañero de farras José Alfredo, y acompañada de un mariachi. Las canciones que ella desagarró en el pasado, acompañada por dos guitarras, volvieron a sonar lúdicas y festivas, donde y como debía ser. “El último trago” fue aquella noche un delicioso himno a la alegría de haberse bebido todo, de haber amado sin freno y de seguir viva para cantarlo. El abandono se convertía en fiesta.

Hace cuatro años fui a conocer el lugar de Tepoztlán donde vivía, frente a un cerro de nombre impronunciable, el cerro de Chalchitépetl. En esos valles y cerros se rodó “Los siete magníficos”, que a su vez era la versión americana de “Los siete samuráis” de Kurosawa. Chavela me cuenta que la leyenda dice que el cerro abrirá sus puertas cuando llegue el próximo Apocalipsis y solo se salvarán los que acierten a entrar en su seno. Me señaló el lugar concreto de la ladera del cerro donde parecían estar dibujadas dichas puertas.

Circulan muchas leyendas, orgánicas, espirituales, vegetales, siderales, en esta zona de Morelos. Además de los cerros, con más roca que tierra, Chavela también convive con un volcán de nombre rotundo, Popocatépetl. Un volcán vivo, con un pasado de amante humano, rendido ante el cuerpo sin vida de su amada. Tomo nota de los nombres en el mismo momento en que salen de los labios de Chavela y le confieso mis dificultades para la pronunciación de las “ptl” finales. Me comenta que durante una época las mujeres tenían prohibido pronunciar estas letras. ¿Por qué? Por el mero hecho de ser mujeres, me responde. Una de las formas más irracionales (todas lo son) de machismo, en un país que no se avergüenza de ello.

En aquella visita también me dijo “estoy tranquila”, y me lo volvió a repetir en Madrid, en sus labios la palabra tranquila cobra todo su significado, está serena, sin miedo, sin angustias, sin expectativas (o con todas, pero eso no se puede explicar), tranquila. También me dijo “una noche me detendré”, y la palabra “detendré” cayó con peso y a la vez ligera, definitiva y a la vez casual. “Poco a poco”, continuó, “sola, y lo disfrutaré”. Eso dijo.

Adiós Chavela, adiós volcán.

Tu esposo, en este mundo, como te gustaba llamarme,

Pedro Almodóvar.

"Piensa en mí" - Chavela Vargas



La mítica canción de Agustín Lara, "Piensa en mí", en la voz de Chavela; y las imágenes de dos trailers originales de memorables películas de Pedro Almodóvar: "Carne trémula" y "Los abrazos rotos".

Buen viaje!!!!! Queda tu voz!!!!

"Así me voy a morir, libre, sin yugos"

Chavela Vargas

"Así me voy a morir, libre, sin yugos"

PABLO ORDAZ 10 MAY 2009


No hay que fiarse de la silla de ruedas ni de las arrugas en el rostro. Tampoco de las gafas oscuras tras las que esconde su mirada. Ni siquiera de los 90 años que, según el calendario, acaba de cumplir. Todo es un disfraz. Tras él sigue viva, divertida, feroz, indomable, Chavela Vargas. Ya no bebe tequila ni fuma cigarros. Ya no enamora mujeres por derecho, a plena luz del día. Tal vez porque aquel alcohol, aquel humo y aquellas caricias ya no son piedra de escándalo, territorios prohibidos. Supo huir de Costa Rica a los 17 años. De aquella época recuerda a unos abuelos a los que apenas conoció, a unos padres a los que conoció demasiado y a unos tíos "a los que Dios tenga en el infierno". Su mejor juguete fue un revólver con el que distraía la soledad disparando a las culebras. Llegó a México en un avión de hélice, se hizo cantante de rancheras, se forjó una leyenda negra. Conoció y disfrutó a los mejores -Diego Rivera, Frida Kahlo, José Alfredo Jiménez-, pero también tuvo que fajarse con los peores. Dicen que manejaba la guitarra y el gatillo con idéntica destreza, porque ya se sabe que a los de su estirpe el destino no les pone red y tienen que jugarse el futuro a vida o muerte. Ni qué decir tiene que Chavela Vargas se ganó un lugar entre los grandes, y ahora está aquí, en la azotea de un hotel de la plaza del Zócalo, en el corazón de la ciudad de México, justo dos días antes de estallar la alarma por la gripe porcina, charlando de sus sentimientos, esculpiendo cada frase lentamente, como si fuera a una gruta a elegir las palabras y sólo regresara con las mejores. A veces se queda callada. Y sólo vuelve a hablar cuando está segura de que sus frases van a mejorar el silencio. Quién supiera hablar como calla Chavela.



"Me costó salir adelante, pero nunca me agaché". Chavela Vargas, figura de libertad, la voz desgarrada de México, ha cumplido 90. Y quiere despedirse como vivió. Sin deberle nada a nadie.

El escritor Carlos Monsiváis dijo en su homenaje que nadie le habla de usted. Que hablarle de usted a Chavela sería como si uno mismo se hablase de usted?
Monsiváis, mi amigo del alma. Lo quiero mucho. Y tiene razón. Nadie me habla de usted. Me molesta la distancia del usted. Es una cosa muy especial. Háblame de tú.

La ciudad de México se volcó en tu homenaje. Y llegaron mensajes de cariño de tus amigos de todo el mundo.
Yo estoy muy contenta, porque se anunció un homenaje y no fue un homenaje. Fue una confesión. Yo veía a todo el mundo. Y le hablaba al oído a cada uno. Y cada uno de los que allí estaban me hablaba al oído a mí. Lo sentí todo, lo vi todo. A mis años no estoy sorda ni estoy tonta. Lo oigo todo y me estaba dando cuenta de todo lo que pasaba a mi alrededor.

¿Y qué estaba pasando?
El público me estaba pidiendo amor. Que es lo que a la gente le hace falta. Los artistas estamos sosteniendo un mundo que se está cayendo. Damos esperanza. Por eso se arriman a mí, creyendo encontrar el amor. Y a veces sí lo encuentran y otras veces no, porque yo tampoco lo tengo.

¿Te diste cuenta de las edades de la gente que te sigue? Había gente de 18 años?
Y hasta de 80. Como Tongolele [la bailarina y actriz Yolanda Ivonne Montes].

Hay artistas que tienen un público que va creciendo a su ritmo, pero no es tu caso. Cuando vas a España y te alojas en la Residencia de Estudiantes, aquello se llena de jóvenes.
Me encantan los jóvenes. La maravilla de mi vida es que yo nunca me he sentido importante. Yo voy por la vida como un oficio. Con todo el corazón, con todo el sentimiento, pero como si fuera una cosa ya impuesta por el destino. El destino quiso que yo estuviera en un escenario, y lo estoy cumpliendo, porque las órdenes quién sabe de dónde vendrán. Eso que llaman alma, que es intangible, que es mentira, de donde viene toda la cosa artística, también te lo regala el destino.

¿Y de dónde viene el alma?
Quién sabe.

Entonces, ¿no se puede ir a una escuela a aprender el arte, a buscar el duende?
Es imposible. Es inútil perseguir el duende. No lo puedes comprar. No lo puedes alquilar.

Ni simular?
Nada, nada. O es natural o el público se da cuenta. Y yo me siento muy contenta. He cumplido una misión. Con mucho gusto. No forzada. Con amarguras a veces. Con dolor más que nada. Pero eso pasó. No dejó cicatrices en mi vida. No tengo malos recuerdos. Todo ha sido bellísimo.

¿Estás satisfecha?
Sí.


A ti te gustaron siempre las cantinas con carácter. ¿Cuándo estuviste en alguna por última vez?
Con Pedro [Almodóvar]. Ésa fue la última vez. Fue muy gracioso. Nos sentamos en la mesa de José Alfredo Jiménez y Pedro estaba feliz. Y yo le dije: -No tomes tequila, porque cuando te dé el aire te caes. Y me dijo: -No te preocupes. ¡Pues en cuanto le dio el aire se cayó! Le pasa a todo el mundo. A todos los turistas. Se caen. Es encantador el tequilazo. Me parece divino que México tenga eso del tequilazo. Bajas del avión, te tomas un traguito? ¡y al suelo!

¿Qué es para ti Pedro?
Es mi amor en la tierra. Es mi único amor en la tierra.

Él dice que cuando se muera, antes que como director de cine, quiere ser recordado como amigo de Chavela Vargas.
Es lindo que diga eso. Es lindo, sí.

¿Por qué esa relación?
Somos almas gemelas. Tenemos mucho en común.

¿Qué tenéis en común?
El dolor y la angustia y todo lo que hace falta para crear. Hay que inventar las cosas y cuando se inventan, duelen.

Qué bonito eso que dices?
Duelen mucho. Hay que sostener la mentira. Hay que sostener todo eso, que duele mucho. Día con día te duele. Tienes miedo a que se descubra la verdad. Tú te sonríes, porque suena simpático, pero es verdad. Y a Pedro y a mí nos pasa lo mismo. Parecemos muy valientes, pero por dentro... Por dentro "Sólo Dios sabe"

¿Me estás hablando de la soledad?
Soledad es libertad. Y nosotros somos libres, libres, libres? Que es lo más bello. Yo no tengo yugos. Yo no me agacho ante nadie. Jamás. Y lo mismo le pasa a Pedro. Nos ofrecen millones por una cosa y preferimos ir de gratis a otra. El alma vale más que los millones. Así somos. Y me encanta ser así y así me voy a morir, libre, porque ya no me falta mucho. Soy consciente de que ya voy terminando mi jornada.


Sigam lendo essa maravilhosa entrevista em: http://elpais.com/diario/2009/05/10/eps/1241936812_850215.html