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domingo, 18 de agosto de 2013

invento esse amor




invento esse amor todo dia
às vezes, cansa e desisto
então, morro um pouco
e aos poucos
morro um dia

Postado por Clio Marcadores: invento esse amor

Ontem a noite




Você bem que podia ter surgido na minha vida
vinte anos atrás, quando eu ainda tinha planos
quinze anos atrás, quando eu estava me formando
onze anos atrás, quando eu morava sozinha
dez anos atrás, quando eu ainda era solteira
seis anos atrás, quando sobrava alguma força
ontem à noite eu ainda estava te esperando.

- Martha Medeiros



*NOTA: O nosso amor não precisa de milagre,  de querer, mesmo!!! 

sábado, 17 de agosto de 2013

"ginástica poética"





sábado, 17 de agosto de 2013

Ruy Castro

folha de são paulo

Poetas e tipógrafos

RIO DE JANEIRO - Vice-cônsul do Brasil em Barcelona em 1947, o poeta João Cabral de Melo Neto foi a um médico por causa de sua crônica dor de cabeça. Ele lhe receitou exercícios físicos, para "canalizar a tensão". João Cabral seguiu o conselho. Comprou uma prensa manual e passou a produzir à mão, domesticamente, os próprios livros e os dos amigos. E, com tal "ginástica poética", como a chamava, tornou-se essa ave rara e fascinante: um editor artesanal.
Um livro recém-lançado, "Editores Artesanais Brasileiros" (Autêntica-FBN), de Gisela Creni, conta a história de João Cabral e de outros sonhadores que, desde os anos 50, enriqueceram a cultura brasileira a partir de seu quarto dos fundos ou de um galpão no quintal: Manuel Segalá, no Rio; Geir Campos e Thiago de Mello, em Niterói; Pedro Moacir Maia, em Salvador; Gastão de Holanda, no Recife; e Cleber Teixeira, em Florianópolis.
O editor artesanal dispõe de uma minitipografia e faz tudo: escolhe a tipologia, compõe o texto, diagrama-o, produz as ilustrações, tira provas, revisa, compra o papel e imprime --em folhas soltas, não costuradas-- 100 ou 200 lindos exemplares de um livrinho que, se não fosse por ele, nunca seria publicado. Daí, distribui-os aos subscritores (amigos que se comprometeram a comprar um exemplar). O resto, dá ao autor. Os livreiros não querem nem saber.
Foi assim que nasceram, em pequenos livros, poemas de --acredite ou não-- João Cabral, Manuel Bandeira, Drummond, Cecília Meireles, Joaquim Cardozo, Vinicius de Moraes, Lêdo Ivo, Paulo Mendes Campos, Jorge de Lima e até o conto "Com o Vaqueiro Mariano" (1952), de Guimarães Rosa. E de Donne, Baudelaire, Lautréamont, Rimbaud, Mallarmé, Keats, Rilke, Eliot, Lorca, Cummings e outros, traduzidos por amor.
João Cabral não se curou da dor de cabeça, mas valeu.


http://beneviani.blogspot.com/2013/08/ruy-castro_17.html?spref=tw

sexta-feira, 16 de agosto de 2013

La moneda, conocida como "double eagle"


La moneda más valiosa y misteriosa del mundo



Expositor en el que se encuentra custodiada la moneda.


María Ramírez | Nueva York
Actualizado viernes 16/08/2013


La moneda más valiosa del mundo tenía que haber sido destruida, desapareció en Egipto y estuvo a punto de dejar de existir en el World Trade Center. Mide 34 milímetros, pesa 27 gramos y tiene una alegoría de la Libertad delante del Capitolio de Washington en una cara y un águila en la otra. Su valor inicial era de 20 dólares, aunque se vendió en 2002 por casi 7,6 millones (5,7 millones de euros al cambio actual).

Desde esta semana está expuesta en la New-York Historical Society, que la ha conseguido prestada de un coleccionista privado y misterioso como casi toda la historia del metal. Un guardia de seguridad cuida la moneda de pie al lado de la urna de cristal que la protege. Es la única pieza tan vigilada en el relajado museo junto a Central Park que guarda reliquias de la historia de Nueva York. "No se pueden hacer fotos. Puede que nos den permiso más adelante", advierte el vigilante.

La moneda, conocida como "double eagle" (valía el doble de la "eagle" de 10 dólares), se acuñó en 1933 como una de las últimas en oro que nunca llegaron a estar en circulación. En abril de ese año Franklin D. Roosevelt suprimió el patrón oro para evitar el pánico de los bancos y el acaparamiento de monedas en medio de la Gran Depresión. El Tesoro mandó fundir todas las monedas menos dos, que se quedaron el museo Smithsonian y no se consideraban monedas de curso legal. Las demás "double eagle" (cerca de medio millón) tenían que haber sido destruidas, pero se sospecha que un empleado de la Casa de la Moneda se quedó con diez. El servicio secreto localizó y destruyó nueve en 1937. Una se les escapó.


Anverso y reverso de la moneda.

Por un error o una falsificación, el Tesoro de Estados Unidos autorizó laexportación de la moneda a Egipto, para la colección del rey Faruq. En los años 50, cuando el monarca fue derrocado, sus posesiones salieron a subasta, incluida la moneda. Estados Unidos se quejó y la "double eagle" se retiró de la venta, pero tampoco entonces el Tesoro americano consiguió recuperarla. Le perdió la pista durante cuatro décadas.

En 1996, un comerciante de monedas londinense llamado Stephen Fenton intentó venderla por 1,6 millones de dólares (1,2 millones de euros) en una habitación del Waldorf-Astoria de Nueva York. Sus supuestos compradores eran agentes encubiertos del Tesoro, que le requisaron la moneda. Fenton luchó por ella en los tribunales alegando que había sido vendida a Egipto legalmente.

Según un acuerdo extrajudicial, el Tesoro se quedó con la moneda y reconoció su valor legal. Es la única de 1933 que en teoría podría estar en curso y que puede ser propiedad de un individuo. Cuando el Tesoro la subastó en 2002 el comprador tuvo que pagar, además del precio de 7,6 millones de dólares, otros 20 dólares por su valor nominal.

El comprador en la subasta nunca ha revelado su identidad y un intermediario de Sotheby’s sólo ha dicho que no se trata de un coleccionista de monedas, sino de alguien fascinado por la rocambolesca historia de ésta en concreto. El propietario la prestó a la Reserva Federal de Nueva York para que la expusiera, pero como llevaba 10 meses guardada ahora ha decidido dejársela a la New-York Society.

La moneda ha sobrevivido a casi un siglo de ajetreo. Hace doce años se salvó otra vez por poco de la destrucción. Mientras seguía el proceso judicial, el Tesoro la guardó en una caja fuerte del edificio 7 World Trade Center. Cuando las partes llegaron a un acuerdo, a finales de enero de 2001, el Tesoro la mandó a su depósito de lingotes en Fort Knox, Kentucky. Menos de ocho meses después el 7 World Trade Center se derrumbó junto a las Torres Gemelas.

http://www.elmundo.es/america/2013/08/16/estados_unidos/1376665211.html

quinta-feira, 15 de agosto de 2013

On The Road Again


10 rutas legendarias en Estados Unidos


Desde la Ruta 66, la carretera madre, a la Blue Ridge Parkway, que cruza los montes Apalaches, itinerarios míticos en coche de punta a punta del país

FOTOGALERÍA De costa a costa, por carretera



Ruta por Monument Valley (Utah) a través de la carretera 163. / GIORGIO FOCHESATO


Hay que llenar el depósito, abrocharse el cinturón, escoger la banda sonora adecuada y disponerse a disfrutar del paisaje y de la experiencia durante miles de kilómetros. El viaje por carretera es probablemente la mejor forma de recorrer los Estados Unidos: gozar del pasado en la clásica Ruta 66, admirar las puestas de sol de la Pacific Coast Highway, abrirse camino a través de los Apalaches o seguir el curso del grandioso Misisipi.


01 La conquista del oeste
RUTA 66


Mural del motel Stagecoach 66, en Seligman (Arizona), en la mítica Ruta 66. / KEVIN T. LEVESQUE

Cualquier viaje por carretera que se precie debe pasar por la calle principal de Estados Unidos, que recorre más de 3.200 km desde Chicago a Los Ángeles, cruzando el Medio Oeste, las Grandes Llanuras y el Suroeste. Construida en 1926, la famosa Ruta 66 fue la vía original que llevaba a California, la tierra prometida, como sucede en Las uvas de la ira de John Steinbeck, que llamó a la 66 la carretera madre. Aunque la antigua US-66 ya no existe, aún se puede disfrutar del camino que recorría, todo un paseo por el corazón de la cultura norteamericana: reliquias del pasado, moteles al estilo de los 50 y cafeterías familiares muy kitsch. Un viaje que nos lleva por la América más retro pero que también permite disfrutar de las mayores atracciones al aire libre del país: el Gran Cañón, el río Misisipi, el Painted Desert de Arizona, el Petrified Forest National Park y, al final, las playas del Pacífico de la soleada California. Hay también viejos museos, típicos restaurantes familiares, gasolineras que parecen sacadas de una película de James Dean y pueblos fantasma ocultos al borde del desierto.
La banda sonora obligada es la canción (Get Your Kicks on) Route 66, que cuenta con versiones de Nat King Cole, los Rollings Stones o Depeche Mode, entre otros.


02 Jazz, blues y rock’n roll
CARRETERA 61


Antigua estación 'art déco' de la compañía de autobuses Greyhound en Clarksdale (Misisipi), en la Ruta 61. / JOHN VAN HASSELT

No es tan famosa como la 66 pero laCarretera 61 es tan americana o más. Se conoce como la Great River Road, y se inauguró a finales de 1930. Comienza en la cabecera del Misisipi, en los lagos norteños de Minnesota, y culmina en Nueva Orleans siguiendo el curso del Misisipi, el río que marca la frontera entre el este y el oeste del país. Pasa por diez estados y la red completa de carreteras de esta ruta cubre 3.701 kilómetros.

Casi toda la historia mítica de la música norteamericana se puede vivir en estos 1.930 kilómetros junto al gran río. De Minneapolis a la sureña St. Louis, y desde allí hasta Memphis, la ciudad ligada para siempre a Elvis Presley; después hay que pasar por el delta del Misisipi, donde nació el blues, hasta llegar a Nueva Orleans, cuna del jazz. Un desvío de 650 km a Nashville, la capital del country, completa un viaje musical inolvidable. A lo largo del camino encontraremos pequeños pueblos que completan esta revisión de la cultura norteamericana, como Hibbing, donde creció Bob Dylan, y Brainered (ambos en Minnesotta), tal y como aparece en Fargo, de los hermanos Coen; Spring Green (Winconsin) donde Frank Lloyd Wright realizó sus primeros proyectos, la rural Hanibal (Missouri), hogar del Mark Twain adolescente, o Metropolis (Ilinois), con la cabina de teléfonos donde Superman se cambiaba a toda velocidad.

El rio Misisipi recorre 3.734 kilómetros desde su nacimiento en el estado de Minnesota hasta su desembocadura en el golfo de México.


03 Cine, viñedos y playas secretas
PACIFIC COAST HIGHWAY (CALIFORNIA)


En moto por la Pacific Coast Highway, a la altura del cabo San Martin, en California. / HAUKE DRESSLER

Esta carretera litoral es la mejor para vivir el sueño californiano. La PCH (Pacific Coast Highway o Highway 1) recorre la costa Oeste de Estados Unidos desde la frontera con México hasta el extremo norte del estado de Washington, sin apartarse demasiado del mar y atravesando los estados de California, Oregón y Washington. Se puede empezar en San Diego (preferiblemente con un descapotable), y dirigirse al norte a través del estado dorado. Hay que reservar tiempo para disfrutar de los placeres urbanos (comer y beber por todo lo alto) y también de los que ofrece el océano. El viajero avistará elefantes marinos, descubrirá playas secretas y tocará los árboles más altos del mundo, pero también podrá combinar las incursiones en la naturaleza con aventuras urbanas en Seattle, Portland, San Francisco o Los Ángeles. Es también un viaje perfecto para nómadas, amantes de la carretera, bohemios,beatniks y gente curiosa con ganas de descubrir nuevos rincones.

Además de Los Ángeles y San Francisco, hay que visitar Laguna Beach, el castillo de Hearst, el Big Sur, Monterrey y Mendocino.


04 El camino de los glaciares
ALCAN HIGHWAY (CANADÁ Y ALASKA)


El pintoresco bosque de señales de Watson Lake, en el territorio Yukon (Canadá). / RON ERWIN

No recorre los Estados Unidos, pero se trata del viaje con el que sueña cualquier aventurero. La mayor parte de la carretera alaskeña (Alcan Highway) discurre por las tierras remotas de Canadá, realizando un trayecto épico. Desde las estribaciones de las Montañas Rocosas en Dawson Creek (Columbia Británica), la imponente Alcan serpentea entre las cumbres de esta provincia y, posteriormente, por el legendario Yukón y el corazón salvaje de Alaska. El recorrido, de 2.250 kilómetros en Delta Junction, cerca de Fairbanks. Uno de los puntos más pintorescos de la ruta es Haines, donde miles de conductores de autocaravanas comienzan su peregrinaje por la Alcan Highway; estos vehículos-vivienda son la mejor opción (y la más extendida) para disfrutar de esta carretera.
www.northtoalaska.com


05 Un 'western' por Monument Valley
CARRETERA 163 (ARIZONA)


Carretera 163 en Monument Valley (Utah), / GETTY

Seguro que al viajero le resultarán conocidos estos paisajes aunque jamás los haya recorrido: el cinematográfico Monument Valley es tan querido por Hollywood y tan típico del Lejano Oeste, que casi se espera ver a John Wayne cabalgando al atardecer.

Entre Utah y Arizona, esta tierra de torres de arena carmesíes, escarpadas mesas y elevados promontorios rojos ofrece una increíble experiencia sensorial. Se aconseja visitar el Monument Valley Navajo Tribal Park y recorrer el camino circular de 27 kilómetros sin asfaltar para gozar de unas asombrosas vistas del valle (se puede realizar con vehículo propio o en alguno de los circuitos que se conciertan en los puestos del aparcamiento y que acceden a zonas no permitidas a coches particulares).

Para emular a John Wayne, el visitante puede apuntarse a un paseo a caballo en el centro de información del Monument Valley Navajo Tribal Park.


06 Por el paso de las diligencias
PARQUE NACIONAL DE YOSEMITE (CALIFORNIA)


Tormenta de verano con arcoíris en Tuolumne Meadows, en el parque nacional de Yosemite (California). / JOSH MILLER

El parque nacional de Yosemiteprotege algunos de los paisajes de mayor belleza del país. La carretera 120 recorre 90 kilómetros por la región norte de la reserva bajo el nombre de carretera de Tioga, y enlaza el valle de Yosemite, al oeste, con el lago Mono, al este, a través del conocido Tioga Pass (3.031 metros), que permanece cerrado buena parte del año (desde las primeras grandes nevadas de octubre o noviembre hasta la primavera).

La 120 es la única carretera que une el parque nacional de Yosemite con el este de la Sierra Nevada por el mismo camino que recorrían las diligencias en el siglo XIX; la antigua ruta comercial de los nativos norteamericanos. En su sinuoso tránsito por el norte del parque ofrece impresionantes vistas desde numerosos puntos (las mejores desde el Olmsted Point), además de las aguas azul zafiro del lago de Tenaya y los campos, picos y flores silvestres de las praderas de Tuolumne Meadows, magnífico blanco para los fotógrafos.

Unos 3,5 millones de visitantes se enamoran de este parque cada año. Las reservas en hoteles y campings hay que hacerlas con mucha antelación. En www.nps.gov/yose se ofrecen consejos para evitar las muchedumbres.


07 Pistas indias para disfrutar el otoño
SENDERO MOHAWK (MASSACHUSETTS)


Visitantes contemplando el monte Greylock en el sendero Mohawk (Massachusetts). / JONATHAN S. BLAIR

Ver cómo las hojas cambian de color en Nueva Inglaterra es todo un espectáculo que además genera un turismo muy especial a la zona. Es costumbre recorrer en otoño las pequeñas ciudades de esta región del noreste estadounidense en busca de los colores cambiantes de sus paisajes. En septiembre y octubre uno puede deleitarse con el tapiz natural de rojos, dorados y naranjas. Una de las rutas más famosas para estos aficionados es el sendero Mohawk, una vía de 100 kilómetros que discurre por los Berkshires, al oeste del estado de Massachusetts.

A lo largo de esta ruta ya legendaria el viajero encontrará bonitas obras de arte, una estupenda gastronomía y preciosos paisajes. El ascenso al monte Greylock, el más elevado de Massachussets (1.064 metros) es pronunciado, pero ofrece vistas sobre cinco estados en los días despejados. Este monte, situado al sur de North Adams, cuenta con muchos senderos, además de un camping gratuito, refugios para mochileros y un hotel rústico.

Se recomienda disfrutar de las vistas de la Western Summit (al este de North Adams), y acercarse por el Wigwam en busca de recuerdos y un delicioso fudge (dulce de azúcar y mantequilla).


08 De costa a costa
CARRETERA 2


Busto de un indio mohawk en el tramo de la Highway 2 que atraviesa el estado de Massachusetts. / JOSEPH SOHM

A los viajeros que recorren Estados Unidos por carretera les gustan los trayectos largos, muy largos, y si puede ser, de costa a costa. Una de estas carreteras míticas que enlaza los dos océanos (Atlántico y Pacífico) es la Highway 2, un camino que empieza en el estado de Washington y acaba en Maine, en la costa este, después de recorrer 4.150 kilómetros a través de los estados del norte del país y algunas zonas de Canadá. No es apta para urbanitas ni para los que se duerman al volante: la ruta pasa por espacios abiertos, desde el esplendor alpino del oeste a las praderas de las Grandes Llanuras o el encanto de los Grandes Lagos.

Al otro lado de la frontera, se puede disfrutar del sabor francés de Montreal, para después serpentear por montañas y bosques hasta la costa de Nueva Inglaterra. Por su enorme extensión, es de lo más variopinto. Por ejemplo, a su paso por Nebraska, la ruta atraviesa una de las zonas más aisladas del país, garantizando un viaje emblemático e inolvidable por las Grandes Llanuras americanas.

Después de Seattle y Montreal, las poblaciones más grandes de este viaje son Spokane (Washington; 200.000 habitantes) y Duluth (Minnesota; 90.000 habitantes) junto al lago Superior.


09 Siete kilómetros de fantasía americana
LAS VEGAS


Neones en Las Vegas. / ERIC FIGGE

Imposible imaginar un viaje a la América más auténtica sin una visita a Las Vegas. Merece la pena, aunque sólo sea por ver la cultura auténticamente americana en su lado más kitsch. Las rutas por carretera con la ciudad de los casinos como destino final son un clásico, independientemente de dónde comiencen. Una vez en la capital del juego, se pueden recorrer los siete kilómetros de The Strip, su famosa avenida flanqueada por luces de neón que constituye uno de los trayectos más legendarios del país. Para rematarlo, se aconseja alquilar un descapotable, disfrazarse de Elvis y conducir despacio por la noche, cuando hay más ambiente. Es la ciudad del pecado, con hoteles de lujo imposibles y máquinas tragaperras que echan humo. Además, la ciudad de Reno se halla a solo 700 kilómetros en caso de que el viajero desee divorciarse tan rápidamente como se casó en Las Vegas.

Esta ciudad es un lugar ideal para que el viajero escoja una estancia a su medida, pero tanto si quiere alojarse en la falsa Venecia o dentro de una gran pirámide egipcia, deberá reservar con antelación.


10 La travesía de los Apalaches
CARRETERA DE BLUE RIDGE


Vista aérea de la Blue Ridge Parkway, en Virginia. /CAMERON DAVIDSON

Esta vía de 766 kilómetros es una de las que recorre más terrenos rústicos y montañas neblinosas. Atraviesa los montes Apalaches meridionales y enlaza dos pintorescos parques nacionales: el de Shenandoah, en Virginia, y el de las Great Smoky Mountains, en Carolina del Norte. Es ideal para hacer excursionismo, ver fauna, escuchar vieja música y admirar el paisaje montañoso. Las flores silvestres crecen en primavera y los colores del otoño resultan espectaculares, pero se debe conducir con precaución aunque haya barandillas protectoras.

Las comunidades por las que pasa evocan el Estados Unidos de las pequeñas ciudades, y el viajero podrá estirar las piernas si lo desea en muchos sitios. Para quemar la buena comida sureña, se puede acceder a más de cien senderos que van desde tranquilos y placenteros paseos por la naturaleza hasta duras tramos por el mítico Appalachian Trail

La Blue Ridge Parkway fue uno de los grandes proyectos de Franklin D. Roosevelt para fomentar el empleo en los años treinta. Llevó 52 años completarlo y el último tramo se acabó en 1987.


En el Blue Ridge Music Center, abierto de mayo a octubre, se puede disfrutar de la música sureña de las montañas. www.blueridgeparkway.org


Más información en la guía Lonely Planet de Estados Unidos, la guía “1000 experiencias únicas” y en www.lonelyplanet.es



http://elviajero.elpais.com/elviajero/2013/08/14/actualidad/1376494572_699871.html

terça-feira, 13 de agosto de 2013

Do it Again - Diana Krall



"Ohh, do it again

I may say no, no, no but do it again

My lips just ache to have you take the kiss that's waiting for you

You know if you do, you won't regret it, come and get it...."




*********

"If He Walked Into My Life"



R.I.P.

Eydie Gorme


Como bate o coração de uma mulher

POR XICOSA / 13/08/13


Para entender como bate o coração de uma mulher é preciso ter sentido algum dia na vida um pássaro preso na mão.
Não há blues, não há jazz, não há bossa, não há rock.
Não há educação de ritmo que nos faça entender, a princípio, essa coisa toda.
Não há escola, livro bom ou picaretagem de auto-ajuda. Ou se convive loucamente ou nunca vai saber o que seja uma mulher na vida. Mesmo convivendo loucamente, sabe-se pouco ainda. Eis o mistério do planeta, baby.
O coração de uma mulher sequer é bebop, é um sopro autoral no coração dos iluminados vagabundos, sopro que nos mantém vivos entre uma sístole e uma diástole.
Elas vão notar, de cara, quando se trata apenas de um donzelo a decifrá-las, um cabaço, mas tá valendo, bom é que seja homem e tente.
“Vem, meu menino vadio…”
É mais fácil enganar a Deus e a Darwin juntos do que enganar uma fêmea.
Cada mulher sopra de um jeito. Pobre de quem tenta entender como gênero ou discurso amoroso uma rapariga. Há mulher Billie Holiday, há mulher Nina Simone, há mulher crente, há mulher desgostosa, há mulher e isso é o que interessa.
Uma cachorra de hoje, uma Anitta, por exemplo, pode ser tão significante quanto uma Simone de Beauvoir na laje. Tão revolucionária quanto. Com a vantagem de não ter aguentado o ser, a náusea, o Jean-Paul Sartre.
Não há coração vira-lata no peito de uma fêmea.
Só sei que nada sei, como me disseram os dois Sócrates da minha vida, o grecorintiano e o grego de fato, mas tudo que aprendi no mundo aprendi com os pobres corações dos pássaros.
Embora em pequena cadeia comercial de família, capturei, prendi, vendi, trafiquei, no varejo de uma cidade do interior do Nordeste brasileiro –o centro do universo-, aves, bichos, passarinhos. Infinitas contradições da trajetória: amava, estimava e com tais criaturas ganhava um troco para o xerém da existência.
É preciso ter prendido algum pássaro ou soltado algum dia no aquário um peixe vermelho, mesmo sem ser aqueles caras cinematograficamente charmosos e metidos do “Rumble Fish”(by Francis Ford Coppola), para saber como desliza para dentro da sua vida uma mulher.
É preciso ter cuidado com pássaros, peixes e mulheres, é preciso respirar os mesmos ares e oxigênios, mesmo morando em São Paulo, mesmo dentro de um aquário ou de uma gaiola sob o Minhocão aos domingos.
A primeira vez que eu vi seu rosto, agora peço ajuda ao bardo Johnny Cash, digo, a primeira vez que eu beijei sua boca, eu senti a Terra girar em minha mão como o coração trêmulo de um pássaro de cativeiro, aquilo estava ao meu comando, minha pequena, como no meu primeiro tráfico de pássaros.
Mal sabia que não há domínio sobre os mistérios sagrados. As aves se domesticam; os peixes se aquietam diante de luzes, algas e farelos; as mulheres criam escamas, asas, mesmo as que não desejam sair nunca do mesmo canto –ou reino- cometem seus belos deslizes.
As mulheres não se contentam nunca. Aí mora a lindeza danada delas.
Tal como os tremores do coração de uma ave em cativeiro, viejo Johnny Cash.
Tal, mas nunca qual!
Para segurar minimamente uma mulher não há segredo. É só tentar rezar todas as manhãs para Nossa Senhora das ~Belas Bucetas~ Impossíveis, amém.
Para entender como bate o coração de uma mulher é preciso ter sentido algum dia na vida um pássaro preso na mão. Liso como um peixe vermelho.