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sábado, 1 de outubro de 2011

EL MUNDO, Y SU LOCA ALGARABÍA



No pensaba lanzarme al mundanal ruido tan pronto, hace una semana hemos terminado el rodaje! Pensaba reservarme un poquito, pero me ha podido la fidelidad a un amigo al que últimamente veo poco, Antonio Banderas. Estoy escribiendo a las 9 de la mañana, después de haber dado un paseo por el barrio, comprar el periódico y respirar el aire fresco. Para mí esto significa haberme desvelado por la noche, siempre me ocurre cuando viajo.
Mientras escribo esto escucho “A ship of wine” de Leonard Cohen, recreada por Philip Glass. En las últimas semanas vivo obsesionado con este tema. Tal vez tenga que meterlo en la película.Antes de acostarme escribí un boceto de lo que será mi discurso de presentación del premio Donostia otorgado a Antonio (a propósito, el ordenador rechaza esta palabra y en su lugar escribe Donosita, tengo que teclearla varias veces para que el ordenador se entere que es Donostia) pero las últimas palabras con que despedí el día no son las del discurso, pertenecen al “Dietario voluble” de Enrique Vila-Matas. Esta última semana es Enrique Vila-Matas quien sella mis ojos cada noche. Me gusta muchísimo su libro, inclasificable. (A mí me recuerda a otra novela de autoficción, “Automoribundia” de Ramón Gómez de la Serna).Afortunadamente se escriben y se publican bastantes libros inclasificables, debería existir ya un género que los clasificara como tales, es decir, “inclasificable”, un género, como la ciencia ficción, la novela rosa o la histórica.
Leo el libro de Vila-Matas como una novela, una muy buena novela donde su narrador nos proporciona información exhaustiva sobre el protagonista, que casualmente es él mismo. No le conozco personalmente, ni entra en mis planes conocerle, prefiero leerle e impregnarme de su literatura. Cuando el autor se convierte en sujeto del libro prefiero conocer el libro, y no a la persona que lo sustenta, porque la ficción no debe mezclarse con la realidad. No sé si me entienden. Vila-Matas para mí es un personaje de ficción. Mi único problema con “Dietario voluble” es que mi memoria se contagia con la segunda palabra del título, la narración aborda tal cantidad de temas, que lo olvido todo al instante. Problema mío. Amnesia, se llama.



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